Avisar de contenido inadecuado

Diarios completos del viaje por Europa (2016/17) - segunda parte -

{
}

***

En Lérida me compré un libro sobre Cristóbal Colón donde el autor (Eric Garnier) demuestra (con fundamentos bastante creíbles, digamos, al menos demostrables hasta cierto punto a través de nuevas tecnológicas aplicadas a la ciencia histórica) que aprovechando la herencia de sus hermanos templarios, el marinero ya tenía los mapas para llegar al "Nuevo Mundo". Según parece, los templarios habían descubierto América mucho tiempo antes. La investigación parte de la ocupación de un puerto en La Rochelle, construido en 1131, insólito desde cualquier punto de vista estratégico para la época, solo si se exceptúa la hipótesis transatlántica, es decir la de que tres siglos antes de la llegada de Colón éstos ya la habían visitado.Teniendo acceso a informaciones con motivo de sus conquistas, o por el intercambio de dinero constante, los templarios habrían sido herederos circunstanciales de los archivos fenicios y vikingos (la existencia de intercambios entre Europa y América se remontaría incluso a estas civilizaciones) y hacían viajes con regularidad al continente trayendo oro y plata de las minas sudamericanas. Que estos mapas Colon los consiguió por medio del matrimonio con Felipa Moniz Perestrelo, vinculada a La orden de Santiago, una orden creada hacia mediados del siglo XII y disuelta en 1493 e integrada en la de Calatrava (sucesora de los templarios) Felipa era hija de un tal Bartolomeu Perestrelo y hay muchas posibilidades de que la existencia del nuevo continente fuera ya mencionada en los mapas de éste hombre, quien mantenía vínculos con la orden de Calatrava. Algunos creen que Bartolomeu debió ser uno de los grandes maestros de la orden. Entonces, gracias a esta unión templaria, CC pudo formar parte de los caballeros de Calatrava o como mínimo haber accedido a las bibliotecas de la orden: miles de libros entre los que estaban la gran mayoría de los archivos templarios y en consecuencia, los mapas (se dice de un realismo extremo) que utilizaría mas tarde, como los de Piris Reis y Toscanelli.

****

Es cierto que, tal como dijo Heráclito, nadie se baña dos veces en el mismo río; pero cómo no imaginar una flota cartaginesa llegando con la misma espuma del Mediterráneo. Al fin y al cabo "estamos siempre retornando" diría mi costado nietzscheano, un bisnieto de catalanes, andaluzas y sicilianos..

 TAGS:undefined

Vista de la Sagrada Familia desde el balcón del piso donde estoy parando. A Truffaut le habría gustado mucho hacer una toma cortada así. 

 TAGS:undefined

 TAGS:undefined

 

 

 

 

 

 

 

***

Tanto a la Sagrada Familia como al Coliseo Romano los conocí una tarde de lluvia. Sin entrar (aunque me resulte difícil) en análisis de carácter simbólico o numerológicos acerca del destino, o en moralejas personales que puedan resultar de poco interés, solo me gustaría hablar de ellos (de la lluvia + el templo), de la impresión que me ha causado esta vibrante intersección entre el hombre y la naturaleza, o si me pongo más minucioso con el momento, entre el agua y la piedra, la caída del agua renovada sobre el antiguo levantamiento de la piedra. Es en ese instante en que levanto la mirada y me encuentro ante semejante tamaño y despertar, cuando siento que es el propio monumento el que parece estar bajando empapado desde los cielos para quedarse sobre mis pasos. «Todos los caminos conducen al Coliseo» Me digo, siguiendo el ritmo quieto del asombro, bajo el paraguas azul de tres euros (este fue el precio de mi entrada a Roma, probablemente si no fuera por el techo movible del que me proveyó hubiera tenido que irme directo para el hostel, evitando que se me mojaran todas las pertenencias)

No bastaba el cuenco de mis ojos para ver este espectáculo real de la vida, porque lo que yo veía caer era apenas un enorme fragmento que se me venía cual tótem autómata que ha tomado altura luego de permanecer por milenios en descanso sobre la tierra. Sin embargo ellos seguían embrionarios aferrados a su pachamama.
Aquí mismo donde estoy, hace miles de años, aquella esplendida nave anfiteatral guardaba un horrible secreto. Un dolor que también es patrimonio nuestro: son los miles de esclavos y gladiadores que perecieron bajo las ordenes y el delito impune del emperador. Es aquí cuando la lluvia se me torna vengativa, parecida a un llanto guardado en las cajas negras del cielo, un llanto acumulado durante tantos tiempos. Es aquí cuando bajo la mirada y me veo donde estoy parado: en una extraña cicatriz, un fenómeno propio de nuestra naturaleza humana.

Algo me dice que mañana seguramente saldrá el sol. O tal vez más tarde; que siempre debe haber una manera de encontrar esperanza, porque eso también está en nuestra naturaleza. Y fue así que el sol finalmente salió para quedarse. Y es ahora cuando pienso en el milagro de haberlos visto bajo la lluvia. TAGS:undefined

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

**

(noche en) montmarte
sagrado corazón de luna
tu angosto y brillo empedrado
deja ver las huellas apilonadas de los turistas,
los silencios de café.
el paso indeciso
de una muerte anunciada.
por ahí desandan
juglares de medioevo
que mecen historias sin filtro
y las patriadas de bohemios hermanados
esta noche volverán a recitar:
una caída invisible
 TAGS:undefineda la memoria de sus dolores vivos
se ah cruzado un gato negro
¿o eran fantasmas de terciopelo
bramando con todas sus sombras
en este viejo y retorcido /
alto suburbio mágico
llamado (noche en) montmartre
3/12/16

 

Continuación de los diaros..

Desayuno en el Café Des Deux Moulins - El retrato de Wilde
**
Cómo explicar en detalle (porque Amélie es apenas un detalle en el corazón de Montmartre) esta mágica experiencia del otoño que el tiempo (aún muy poco) me la va volviendo, o me la va cuidando con encanto, sin salirse de su correspondiente juego de sinestesia parisina: el sabor a café (con leche) en un vals (de los monstruos); la sensación de "hundir la mano en un saco de legumbres, partir el caramelo quemado de la crema catalana con la cucharilla y hacer rebotar las piedras en el canal de Saint Martin"

Todo visto y re visto en una película que al "Café de Los dos Molinos" hizo famoso de un día para el resto. Es aquí donde me encuentro, disfrutando de este desayuno. La idea es la siguiente: seguir recorriendo Montmartre. Tomarme luego el metro para conocer la Torre Eiffel, y luego volver a Montmartre para seguir paseándola de noche, que es cuando salen sus heraldos negros a pintar y recitar poemas de ensueño.

Pero ahora estoy en el Des Deux Moulins y no me quiero ir. Quiero hacer durar mi desayuno, que éste me haga durar a mi. Es un consenso con la vida, con la alegría de vivir y dejarse llevar por el momento, aún sabiendo que es perfecto, que parece como si hubiera estado premeditado de hace años.

Mientras tanto le saco fotos a un enorme cuadro donde se ve a la Tautou sonriendo con su flequillo de "petite fille". Quiero no despedirme de ella reproduciendo una y mil veces su bella imagen, que sale junto a la mía reflejada en un espejo que tengo casi encima, como si estuviera engañándonos en apariencias infinitas, algo que me traslada a un utópico lugar donde ya no hay posibilidad de error, ni siquiera de muerte. Una especie de placer del espíritu que se ve reflejado inmortal en lo que genera su adorable fetiche.

Quiero despedirme del muchacho que me atendió pero mi francés es inconcluso. Para eso están los gestos y las sonrisas, pienso, en total armonía con la existencia. Me doy (antes de salir) una vuelta por el baño, atravieso luego el basar: plano por plano, vuelvo a reproducir la historia de J-P. Jeunet, jugando con la realidad, recordándolo haber visto todo ya en mi memoria.

Esto es lo lindo que tiene el cine cuando emociona, y es que la realidad te vuelve a fascinar.

**
Ya no recuerdo de dónde venía ni para dónde iba. Cómo fue posible encontrarme con el fantasma de Oscar Wilde en plena conexión de líneas de metros parisinos. Claro, porque allí es que el genial dandy de la época victoriana tuvo su triste final de vida. No en el metro sino en París. O quien sabe, si el metro está en París y como su fantasma de Canterville, o su retrato retorcido de Dorian Gray anda merodeando indigente por el metro, junto a otro de nombre Rimbaud; y pienso en el privilegio que se da esta ciudad con sus fantasmas indigentes, haciéndolos pasar como poetas de la historia universal. Y es que de hecho los son.

Esto es lo que me propone París, salir del encanto de la claridad matinal para adentrarme ahora en un submundo lleno de misterios. El tema: es que sigue siendo poético, no lo puede evitar. Así como no puede evitar ser un gran fenómeno fantasmático en sí donde todo parece haber quedado suspendido por el embrujo de un poema mallarmeano.

Al fin y al cabo esta es la ciudad de las luces (y las sombras), la ciudad que Lumière y Méliès volvieron a recrear por encima, como ya lo habían hecho antes los simbolistas e impresionistas.

Así es que la ciudad se (re)construye, por medio de fantasmas y retratos, como un espectro múltiple del arte por el arte (por el arte). TAGS:undefined

 

La Via Veneto - Mi vecino, Picasso (Casa Natal) /
Murcia, Murcia! - Tablao Villa-Rosa

***
A espaldas de la Plaza Barberini, cruzando hacia mano izquierda, se esconde La Via Veneto. En realidad digo se esconde en el mismo sentido en que se han escondido en una Torre las joyas de la corona. Para Italia, para Roma, la Via Veneto es una joya pequeña y duradera de la historia del séptimo arte. Allí donde hubo de converger (como una Bristol en pleno apogeo) todo un mundo del espectáculo (paparazzis, actores y actrices, directores y mozos..) No me imagino cómo pudo esta Via comprimir aquello en sus pocas cuadras ahora casi vacías, ahora libres para transitar, presumiendo de sentirse por dentro (permitiéndose por fuera) algún tipo de ángel caído de los tiempos dorados. Ahora también lo recuerdo (o lo vuelvo a recordar): juro haber visto a un hombre muy muy viejo con el mismo rostro de Marcello Mastroianni. Es que la pista se presta para ello, ha devenido en una zona milagrosa, "tarkovskiana", donde sus restos de espectáculo afloran como fantasmas del pasado (de etiqueta); cuando luego corroboro el (super)acto buscando fotografías viejas de la Via Veneto y me repito, "allí estuve, allí estuve"

Y fue en ese estar (en ese ser y estar) donde tuve el encuentro mudo con aquel barullo salido de una pequeña (muy pequeña, apenas entraba en una Via) parte de la historia grande de la cinematografía mundial.
No sé, pero llegar tarde a la fiesta también tiene su encanto, algo mágico y nostálgico, por supuesto. Saber que allí ocurrió todo lo que ocurrió nos conecta con los secretos del tiempo.

La Via Veneto se curva (ahora dorada por las hojas brillantes del otoño) para desembocar en un cartel de señalización muy particular: allí se lee "Largo Federico Fellini", mientras los autos siguen todos como atorados igual que al inicio de "8 y medio de Fellini". Y yo no sé si lo están haciendo a propósito o si de verdad es que no pueden continuar con sus historias cotidianas.
Creo que me la voy a caminar otra vez, total es corta, «pienso» Y cruzo de vereda para volver a verla de otra manera, para volver a recorrerla sabiendo ya cómo es el final, o su principio.

***
En Málaga se puede visitar la casa natal de Picasso. Un año antes me había ocurrido lo mismo con la casa de Neruda en Santiago*: me doy cuenta que Picasso había vivido en la misma cuadra donde se encuentra el hostel en el que estoy parando. En una de las esquinas de la Plaza de la Merced, un 25 de octubre de 1881 nacía Pablo Picasso, la casa (compuesta por 4 plantas) no tiene mucho que digamos, a excepción de unos bocetos increíbles, como de novela gráfica, donde Picasso ya prefigura el Guernica (que dejaré para hablar en otra hoja de Diario madrileño) Técnica y correctamente hablando: "Sueño y mentira de Franco" [cuadernos de dibujos preparatorios de Picasso para su obra "Las señoritas de Aviñón" (1907)] 84 dibujos complementados con un importante repertorio de obra gráfica, con diversas técnicas de aguafuerte, linograbado o punta seca.

*Quería dejar constancia más que nada de esta serie de consecuencias donde arte y vida se funden, como un sueño posible de Vanguardia. Estar en la casa de Picasso va más allá de lo mucho o poco (valioso no valioso) que albergue, como la Huerta San Visente de Federico, o lo que se pueda sentir en cualquier otro lugar íntimo de alguien que ha sido importante para la historia, o al menos para la historia personal de uno. Sentía que caminaba por las habitaciones queriendo conectar con aquel tiempo donde Pablo siendo un niño se paseaba de aquí para allá: y encuentro que hay algo verdadero de esa inocencia que siguió viva en sus obras.
Creo que el aprendizaje del arte parte de un niño. Siempre.

"Yo he nacido de un padre blanco y de un pequeño vaso de agua de vida andaluza yo he nacido de una madre hija de una hija de quince años nacida en Málaga en los Percheles el hermoso toro que me engendra la frente coronada de jazmines"
Pablo Ruiz Picasso, 4 mayo 1936

***
Y un día llegué a Murcia, por mezcla de azar y la recomendación de un estimado mago. Murcia fue la posibilidad de un desvío entre Valencia y Almería; las puertas de Andalucía; una de esas ciudades españolas que parecen hechas a escala de un hombre pequeño, por eso quizá se vea a primera vista tan super poblada de autos. Pero al Google maps le puse Catedral de Murcia. Y para allí voy, queriendo pegar saltos virtuales, escapando del bullicio urbano, tan poco atractivo para un porteño como yo.

Si hubo una sorpresa en Murcia, una atracción, además de la siempre sensación del verbo estar (estoy aquí en Murcia, Murcia! y su hermoso barrio de la Arboleja, con su malecón) fue la Muralla. Muralla y Murcia son palabras en plena sintonía gramatical, y con la historia: lo que allí se ve, es un tramo de la muralla de la medina de Murcia de época medieval y la puerta monumental de Santa Eulalia (S.XV) Son restos arqueológicos excavados entre los años 1963 y 1965 y que hoy se conservan en este impecable Museo-Muralla de Murcia, ubicado en el "populoso y popular barrio de Santa Eulalia", en el centro de la ciudad que (como decía más arriba) se siente reducida al tamaño de una leyenda.

En el museo se reconstruye con imágenes el pasado de Murcia, a Intramuros de la muralla (S.XII) Es ahí dentro donde pego un salto ahora de época; que se huele a promesa de protección de los peligros del yugo enemigo, a extramuros. Leo por ahí que "La muralla fue un sistema defensivo que se mantuvo en pie hasta que las necesidades modernas de expansión urbana fueron absorbiéndolo y eliminándolo y ya en el Siglo XVIII se describe a Murcia como una ciudad abierta"
Y llena de autos.

***
Una de las experiencias más memorables de este viaje fue la posibilidad de presenciar un show de flamenco en el tablao Villa Rosa (con decoración original de 1927, y columnas y paredes policromadas de azulejos de estilo arábigo andaluz) Un dibujo sobre el escenario con las cantaoras de un pueblo bailando con sus pañuelos me traslada directo hacia aquel lugar, de una forma mucho más intensa que como podría hacerlo una secuencia de imágenes audiovisuales. Porque el dibujo es de una belleza difícil de explicar: quizá me esté conectando inconsciente con alguno de mis antepasados, pienso en mi bisabuela, originaria de Murtas, Granada, a la cual llegué a conocer, es un vago recuerdo que llevo dentro, como de una vida pasada.

Es un argentino quien me da la bienvenida al lugar y me explica la diferencia con el otro tablao (el Cardamomo), no digo que sea una característica intrínseca del argentino, pero el tipo me termina convenciendo de que éste es el mejor. Y solo quedaban algunas entradas, tenía que decidir. Y gracias que entré al Villa Rosa. Fue como sentirme al instante en familia (vieron ese lindo presentimiento?) ademas de la calidez, como decía, había algo, un arquetipo que se incorporaba (o reconocía en mi) en este Magical Mistery tour por Europa.

Del show en sí mucho tengo que sentir y poco de qué hablar. Sentado en una mesa del fondo, tomándome un vino, esperando mi cena, era la primera vez que iba a comer algo típico español, que iba a comer como la gente.

Qué hacía acá el día previo al año nuevo, la misma noche que llegaba a Madrid, aún lo desconozco, pero me sentía realmente contento, y lo que vino fue un éxtasis. La música, el baile y el canto en un estado purísimo, era una verdadera danza cósmica lo que veía desde allí a contraluz, y eso fue el desencadenante de la conexión que había sentido previamente con la imagen pintada del fondo. Aquello me terminó de depositar, de significar un inmenso recuerdo del dolor humano. Pero también de la vida que hay en su canto, en su baile, en su música. Perdonen que sea reiterativo.

Cuando la función terminó, creo que le dije (un poco ayudado por los efectos de Baco) al primero que encontré: un español que también se encargaba de la venta de entradas y quien me había dado la ubicación. Le dije que estaba emocionado, que nunca había visto algo así y que para lograr dar con esta maravilla realmente hay que salir a buscar.
Me sentía orgulloso de haber llegado de tan lejos, de ser el extranjero presenciando una cosa tan bella, tan valiosa y a la vez que apelaba tanto a mis ocultos recuerdos.
Que se yo, más no puedo decir. Esa noche me volví para la habitación caminando por las calles viejas de Madrid, anonadado con su arte.
Y mañana, mañana ya todo habría sido un sueño, parte de un extraño y bello recuerdo.

 TAGS:undefined

 

 

 

 

 

------

Subida a la torre de la catedral antigua de Lérida.
Crónica de un día muy nublado

Lleida sigue viva en mi memoria como un territorio esencialmente mágico. Cuando subí aquella mañana al tren que me trasladaría a la ciudad catalana no iba con expectativas tan movidas, o al menos no tanto como las que podría haber tenido con un Paris o una Roma, por ejemplo. Y esto es lo que efectivamente retengo de aquel extraño paraje. Y se fue dando cuando supe primero al llegar sobre la existencia de una casa templaria (Garduny), a la cual tenía que dirigirme antes que nada porque su visita cerraba al mediodía; y el doble ascenso más tarde al cerró Turó de Lleida y a la torre de la catedral de la Seu Vella, en la cima del mismo. Estas experiencias fueron al albur (palabra muy usada por don Borges) de un día muy nublado: gracia y condimento que podría haber terminado en tormenta, por ende, fracaso de la expedición.

El primer encuentro, a la entrada de la Catedral, sin saber si aquello era realmente una catedral, o un complejo templario, sin saber si aquello me estaba dando la espalda con su ábside, el rostro (con esa enorme puerta de "Els Fillols") o alguna cara de un cuerpo que yo desconocía hasta el momento. Era la gigante presencia de una escena jamás vista. Eso al menos me dictaba el espíritu a medida que iba girándome, quedándome, asomándome, tratando de buscar una forma de percibir lo que claramente no podía poseer mediante la sola mirada, quizá me estaba quedando chica a mi como ser nacido a finales de siglo XX: la historia es un acontecimiento extraño que visto el registro permite pensar en un cisma minado de tiempos.

Y el dictado rápidamente devenía en preguntas de asombro: Cómo puede ser cierto, cómo puede esto ser de verdad. Era una experiencia mística. Aquel pequeño ser, mezcla de peregrino y boy scout, miraba una cosa que trascendía los parámetros de su estigma. Allí, sobre aquella plataforma donde me encontraba parado, desde donde podía ver la extensión de todo el complejo edilicio, sentía que los dados del destino habían caído de forma majestuosa, formando un número enigmático que me posicionaba como por arte del misterio vital en un casillero asombroso, realmente difícil de poner ahora en palabras. Cuando lo rodee, llegué a una de sus entradas, donde ya se veía presencia humana y podía hacerse el ingreso al claustro (uno de los más anchos de Europa). Y a la torre. Recuerdo que antes de entrar me había quedado sobre una de sus ventanas góticas. Inmensas y vacías se manifestaban muy por encima de mi cabeza, en un silencio que yo jamás había presenciado. Mientras la sola imagen me hacía sentir quieto como una espada clavada sobre la tierra, me preguntaba qué guardaban esos espacios tan antiguos, esos silencios que parecían coronar en lo alto aquella estructura de tamaño encanto, como si le estuvieran transfiriendo un aura de misterio al lugar que no podrá resolverse ni llegando a los últimos casilleros de este juego, llamémosla así..

Y la torre: qué sensación más extraña, incluso comparándola con la del Nacimiento de la Sagrada Familia, la torre de Seu Vella se me presenta hoy como una excursión antropológica. Pero para arriba. Porque éste es el ascenso a una piedra muy vieja que parece haber nacido de la tierra propiamente, con ese color como inventado por el viento, esta torre tolkiana, románica, me traslada por sus estrechísimas escaleras hacia las mismas tierras del cielo. Una panorámica en 360º de Lérida, que me hace pensar en una especie de llegada. Una rayuela en 3D. Un final de juego. La perdida de una de mis muertes. Para pasar a mejor vida. El uso de un talismán que ya no podré volver a usar en el mismo juego.
Tal vez, si se me permite, sí en otro juego. Sí en otra vida.

 TAGS:undefined

 

Bonus viajero: La Torre Eiffel / La casa de Federico García Lorca

A raíz de haber leído el formidable texto (sino el mejor escrito sobre la Torre Eiffel) que le dedicó Roland Barthes, sentí ganas de implicarme también; pero lo haré con "la modesta mirada del turista", más bien como fragmento o elaboración tributaria de un diario de viaje.

Si existiera la posibilidad de un diálogo imaginario con Barthes (y no estoy hablando del sueño de un académico, aunque puede que haya algo inconsciente en ello) le diría en primer lugar que cometí un error, el primer error, el que desarticula toda su genial observación, y el que también probablemente traiga otras (amén de comparaciones.) Y es que yo no subí a la Torre. Por lo tanto mi recuerdo recae completamente en la fascinación de su enorme figura viniéndose encima. No tuve un desciframiento de la ciudad vista desde lo alto, la experiencia de "vivir la torre", de volverla símbolo de esta institución masiva, como Barthés llama al Viaje a París. Al contrario de Maupassant, que desayunaba a menudo en el restaurante de la torre "porque era el único lugar de París desde donde no la podía ver." Muy al contrario diría de Muspassant, yo vengo de un lugar que no tuvo el privilegio de presenciar grandes exposiciones universales decimonónicas, donde no cabe la posibilidad ni remota de pensar una herencia de características semejantes; donde la infancia (si la comparo con la de este señor que va viendo de niño ya la emergencia de una verdadera modernidad) solo puede asimilar el deseo (y con suerte) de un imaginario que se remonta (máximo) hasta la Costa Atlántica para conocer ese límite impreciso, Natural y fabuloso que es el Océano. En este sentido yo me presento aquí como alguien que viene de otra historia, con otras temporalidades en su haber. Esto modifica sustancialmente toda la paleta del mundo. No vengo ni a simbolizar París, ni a reconstruir desde aquel punto ciego rodeado de metal y viento su memorable pasado, que es por cierto de una antigüedad que se me escapa de los libros hasta el día de hoy que sigo interpretando los acontecimientos de la historia. Pero en ese momento no hay tiempo. O mi tiempo es corto. La historia que reconozco se parece más a este hermoso y efímero ocaso de sol que me da el calor suficiente como para seguir contemplando un rato más de esta maravilla de la ingeniería (ya no de la arquitectura, ya no del arte, o ya sí de todos.) Mi experiencia es precisamente la de un infante que apenas conoce la tierra, que recién a comenzado a caminarla. Soy darwinianamente hablando un cariñoso simio visitando a una civilización del futuro, donde los puentes ("la Torre es un puente, un puente de pie que une a la tierra y a la ciudad con el cielo" ) ya no son consecuencia de los derrumbes azarosos de la naturaleza, ni siquiera son horizontales sino que se elevan para tocar un cielo (como dice Barthes y Cerati, el puente es el símbolo mismo del vinculo, de lo humano en cuanto es plural) no por alguna razón divina, como lo era antes con las catedrales góticas, sino como el mayor signo de avance científico hasta esa fecha, allí donde el hombre llega para más tarde volar y comunicarse globalmente a través de los satélites en el espacio.

Me siento de cara al brillo que baña mi rostro como un dios bondadoso despidiéndose a los pies de la Torre. Esta fue una de las razones para no subir: el frío, que para nosotros ya es demasiado, además del aglutinamiento que veo de gente. No parece ser una cosa tan sencilla el ascenso en aquel horario, en aquel sábado primero de mes. Así que tengo que mirarla lo más que pueda. A ella, a la Torre. No habrá "función exploradora del adentro". Lo que se me presenta es una cosa en toda su grandeza metálica, con esos cuatro pedestales que son la base de su cuerpo y que vistos desde muy cerca producen un efecto aplastante: se ve como la proyección de unas rectas paralelas que se cortarán (para milagro de las matemáticas) en su antena infinita.
Me supera todo sentido simbólico en aquel momento. Estoy como ante el estadio posterior de un templo erigido a los espacios. Estoy fuera de ese mundo que proporciona el interior de la Torre. Sigo en París, totalmente colmado con su obra enigmática, con la vista colapsada ante magno imperio del hierro. El frío de las manos me produce malas selfies y un indecoroso espasmo que se compensa con el flasheo que estoy viviendo. Debería contar que ya había tenido esta sensación cuando días atrás, justo antes de cruzar por primera vez el Sena, levanté mi cabeza, o mejor dicho, la torcí un poco y vi que sobre la linea del horizonte, bien a lo lejos se posaba entre la bruma la mismísima Torre Eiffel. París me estaba enviando señales rayo eléctricas una y otra vez, porque fue allí en ese instante que tuve un shock. Que estaba corroborando lo que me habían contado las fotografías toda la vida.
Yo pienso que a diferencia de los europeos, mi historia es la historia de las revistas y las fotografías, de las películas. Que me han contado las cosas al revés en el tiempo, que primero viene la foto y después el monumento, que más que un explorador, yo soy un comprobador de la realidad (una realidad de la que me vuelvo a fascinar a través de sus tantos puntos de vista). O dicho de otro modo, un modesto turista.

***

Cuando conocí la casa de Federico García Lorca (ahora me empiezan a caer las fichas del viaje), que en verdad era la casa de veraneo de la familia, donde pasó sus últimos momentos antes de que fuera brutal y cobardemente asesinado. Me contaron muchas cosas de la casa, como ésto de haber sido su último hogar de paso; que poco tiempo atrás él había estado en Buenos Aires, lo que me lleva a pensar (si se hubiese quedado, si supiéramos un poco más acerca de nuestro destino) en la ciudad porteña como su exilio imaginario. Pero lo que más me pegó fue saber que cuando la familia se entera de la muerte del poeta, huye, huye muy lejos (a Nueva York) dejando la casa tal cual a como hoy se la puede encontrar y visitar. La casa había quedado sola en el olvido, camuflada en la verde huerta, entre limoneros y el brillo granadino del sol. Había quedado al margen de la guerra, al margen de la historia.
No saben lo estremecedor que fue sentir esto de la urgencia por escapar dejándolo todo, esa urgencia que nos invade en un devastador incendio, cuando el terror hasta sobrepasa cualquier intensión por ir al rescate de las pertenencias más afectivas. Parecía realmente como si la casa estuviera bajo un incendio, un incendio también imaginario que no se había podido consumir todas esas cosas de grandísimo valor: como la manta que su madre le había bordado cuando niño y que había quedado tendida sobre la cama de su habitación; o el dibujo enmarcado del salón principal que le había regalado el mismísimo Salvador Dalí cuando éste contaba con tan solo 18 años de edad, es decir, mucho antes de convertirse en el gran surrealista español que fue; también el escritorio (¡estaba el escritorio!) donde diseñó sus obras de teatro más importantes, como Mariana Pineda o Bodas de Sangre; o las pinturas y esbozos de canciones de un joven Federico; sus diplomas, que revelaban un estudiante bastante rebelde, valga la casi redundancia.
Todo había quedado congelado en el tiempo cual típica imagen de un caserón familiar antiguo que se va borrando a medida que pasan los tintes de estación.
Me imaginé los miedos de comenzar a vivir en una época de dictadura.
Y lo que había en todo ese silencio que desbordaba los espacios de la casa era como el resplandor de un salto vivo al vacío de gritos y susurros, de voces y palabras: la casa y sus objetos era todo lo que venía después de un punto final que había tenido el triste privilegio de formar parte en la vida del poeta.
De alguna manera, todos esos objetos me hablaban a través de aquellos andaluces. Terminaba sintiendo ahí que yo era en verdad el que había huido hasta dar con ellos, yo me había estado escapando hasta volver a recordarlos, hasta volver a sacarlos de su olvido.

 TAGS:undefined

 

 

{
}
{
}

Deja tu comentario Diarios completos del viaje por Europa (2016/17) - segunda parte -

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre