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Poemas de la libreta mística

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At War with the Mystics, The Flaming Lips TAGS:

 

Poemas de la libreta Mística (2009)

 

I

Pedir a gritos el bebé / El éxito de existir.

El día / El dinero

y las babas endiablaron desde temprano

 

Ahora que todos pueden cantarle a la nada

y el sismo de los astros entra por mis ropas.

Por el día fuera de los tiempos.

Y las nubes apareándose.

Y las flores todavía en el exilio.

 

Los gusanos en la almohada

Manchas de ectoplasma cunden a plasmar

el cuerpo que llevo encima de las cosas que escribo.

De las ropas y los atajos a los suburbios de mi placar

 

Ahí van los muertos marchitándose.

Recordando los días que cambiaban de vestimenta

Recordando que devastaban los días.

Y el tiempo se les iba de las manos.

 

 II

Te puedo ver el corazón porque sos un fantasma desnudo

Las lagrimas envueltas en papel.

Los labios abreviados en una frase violeta

 

 Y entre las ávidas apariencias con las que concurro

a esas nupcias intestinales,

hallo la osamenta que lleva los ojos más inhóspitos

y bellos de la ceremonia

 

Zarpan los barcos por estas horas,

hacia las tierras de tu piel invisible.

Difícilmente pueda distinguir

los mares de las tierras

cuando no veo más que un corazón flotando por el aire,

como una nube enrojecida de cólera

 

Cuando no veo, simplemente,

tu calendario formado con palabras mudas

 

III

Malestar en los pasillos del arrepentimiento.

Todas mis células se pasean con música en sus voces

Músicas que se octávan de a poco

y salen a la luz de mis labios

con respetable melodía cancerígena.

Los pardos abusos del cuerpo con que viste la sangre

Llamas que lloran bajo las aguas que oscilan en mis pies

El encantamiento sonoro de un ladrido quejumbroso.

La espera indeterminada valiéndose del gemido hambriento

 

Malestar profético de anchas planicies

donde mi alma se cultiva.

Pasillos de bosques finos como laminas

Arrepentimientos congelados que posan como adornos de paredes.

Celosías fabricadas con gritos de células de gritos

 

Y una ventana invisible

que esconde el pelo de mi cabeza

 

IV

 Devenir existencial en el paraíso dormido.

 Las sabanas de la muerte

y la cama que nunca ordeno

 Mi mente es como una baba llena de insectos que no terminan de fosilizarse.

 Devenir existencial en las plantas de mis pies,

en las oquedades de un fantasma tan alegórico como el futuro

 

De salir saco la conclusión que existo.

De dormir que voy a morir.

De venir a las hojas con confianza,

que afuera no me animo tan fácil a decirte lo que siento

 

Y las sábanas de la muerte, cada noche me cubren un día más.

Lo destrozan con la suavidad de una caricia onda

 

Devenir existencial,

tanto de Sábanas tenés,

tanto de paraíso dormido en la incertidumbre.

 

V

Del color del humo, la nieve cae sobre los tráficos jóvenes

Las cumbres borrascosas se traen rostros pálidos.

Niños a caballo exploran éstos días de inalterables lunas quemadas.

En los puentes lloran traviesos que se divierten tirándole lágrimas a los autos.

Un Viento magnético se lleva sombras de viejos en musculosa

Objetos inconclusos arañan los marcos de ésta realidad.

Se desconoce  por dentro que sean en verdad

caricias clamorosas

deseos no cumplidos que se pagan hoy

con nuevas de lamentables algarabías 

 

Nadie quiere usar el vestido en la tormenta,

los besos en el amor

y los ojos en la miseria.

Nadie quiere usar las huellas de aquel jardín

porque conducen sus pies a la casa de un Dios ciego y cansado,

que acostumbra dormir sobre las alegrías del hombre,

ahogando todas sus ilusiones en espuma sideral.

Nadie quiere usar alguna de las tantas señales

hoy enterradas en las cejas de varios ancianos

y en mascaras secretas

 

VI

Las olas invertidas eran llamaradas de odio

cuando se saludaron y oscurecieron de un sólo rayo todos los mares,

 

El dialogo enmudecido se derramó sobre adulaciones y campos de tremenda vanidad

Pero la aflicción iba a llegar enseguida

Gritos, como truenos que ponen sus bocas apretadas en cañerías, salían de sus venas

y morían en las cuatro tumbas orejas, en cuadros duplicados de Munch

En las pandemias rompientes contra las piedras que conformaban sus propios cuerpos

 

Habían sido buenos amigos en el vacío de los tiempos;

amantes vidas anteriores;

poemas en estaciones de invierno

animales salvajes del futuro

 

 VII

Debajo están las cámaras de ausencias.

Entristecido aún, desde aquel mismísimo día en que las nueve trompetas del quinto mes sonaban con vientos de lágrimas, tormentos de agonía.

Mis manos empezaban de golpe a sentirse llenas de caricias vivas de algo que ya había muerto.

Mi cuerpo empezó a ser procesado por un tribunal de muerte. Se balancearon mis manos disimulando temblor. Parecían conectadas a brazos de mundos con otro tipo de fluido, compuestos henchidos de magia negra y rayos de sangre eléctrica

Cada gota que caía sobre mis manos se electrificaba en el instante y las criaturas que tanto había amado en el tiempo se trepaban a los árboles de mis recuerdos.

Las plagas lumínicas hacían pensar que estaba poseído por la misma muerte, que una planilla iba anotando mis calificaciones a medida que los segundos pasaban, asumiendo, incrédulo, más que nunca antes su frustración

Porque todo era cada vez más cierto, una verdad que iba durar hasta que yo muriera, en todo caso mis sueños pasaban ahora a ser portales donde podía tener visitas con los que se iban de este mundo

Los saltos de mi perra ya no formaban arco iris de hacía tiempo

¿Será que el esfuerzo de haber nacido y vivido sirvió para que hoy le de lugar a otros arco iris?

La muerte es tu hermana mayor que te hace piecito para que des un salto, te acuestes sobre una nube: cama marinera invertida, salón de soles y colchones de estrellas

Los saltos de mi perra ya no irían a formar nunca más arco iris

Nunca más

Nunca más

 

Nunca más

 

VIII

El cuerpo acaricia los gritos desabrigados

El viento las tardes de mi ausencia

Te encuentro debajo de las campanas que susurran sonidos pletóricos

y en el camino

inspiro algo tuyo mordiéndome para que la sustancia se anticipe

Hay veces

y todas vienen de a once para que no digan que son pocas.

Hay veces que son editadas en las páginas del tiempo nostálgico pero apócrifo,

extraño como la belleza de un sonido que no proviene del instrumento.

Hay veces excitadas dentro de mis cuerpos más indiferentes

hacia todo tipo de promiscuidades

Ayúdame tú, Oh nocturno vientre que interpreta mi vida como un ademán inacabado,

como el orbe entero pero que por un pequeño fallo se vende en las tiendas más prosaicas de los suburbios espaciales

Ayúdame para que no tenga que recurrir a las veces y los gritos a causa de mi desamparo físico

 

Dejo que los humos suenen y que la poesía se ahogue en el silencio

Dejo las actas surrealistas sobre la mesa, al costado de la sal y una cuchara con olor a café

 Dejo las manos escribiendo sobre el papel ecológico y la luz de la lámpara encendida

 Dejo lagunas de ojos donde se pescan amistades que flotan en la ausencia

 Dejo lo principal en lo cajones del futuro

Una brisa pasa por encima de mi cabeza, entre mis piernas y por debajo de mis pies sin tocar siquiera mi alma, que es una capsula que se dilata con cada día que pasa

Se dilata hacia los horizontes, hacia el cielo y hacia el centro de la tierra

Mi alma es una despedida con la brisa, con la suavidad de su figura

y me quedo viéndola, hasta que desaparece a lo lejos

 

IX

Ver cómo los cielos envejecen. Desde la mañana, ceñido el fresco virtualizado.

 Desde las hojas se puede ver que las cosas envejecen rápido, como fragmentos de cuerpos que cruzan sin cesar.

 Las paredes jóvenes; las castas de cassettes muertas en tumbas orejas

 Las remeras enfrascadas en placares de vidrio

 Las nauseas de color antiguo y los cuellos agotados de sostener cabezas estereotipadas

 Ver como todos envejecen al mismo horario

 Siento que todos envejecen, incluso la presencia de fantasmas que desagotan a tiempo todas sus vidas estancadas por acidas salivas y canastos de nueces

 

X

Luz pus blues cruz

Definirían más o menos mi estadía por este mundo

 

O mejor dicho,

 

Luz pus blues tus cruz

Podría ser un resumen bastante fiel de mi paso por esta vida

 

Luz sus pus blues tus cruz

Agrego el Edipo y en tus agregaba lo único que hubiera servido para que la hilera, segmentada como una lombriz, se moviera hasta quedar bien enterrada

 

Masticando su propia autodestrucción

 

XI

Mañana de clarividencia montañosa

Rumores anclados en las fronteras del sueño final

Misterios compaginados a lo largo de mi espalda

 

Parado sobre baldosas clavadas en el aire más caviloso de todos, esperaba mi desayuno: Desavenencia radical de los sueños

 

Esperaba el sonido de las teclas camufladas en una nube

 

Los pasos por estrenar, guardados todavía en mis zapatos pintados,

en las raíces de un árbol bebé

 

Confundía recuerdos con pasos mentirosos que se movían por la cobardía de enfrentar el destino que los había tocado

Confundía intuiciones y movimientos de mundos donde las profundidades son lugares mejores para respirar y hacer habilidades

Confundía la noche con murmullos de seres deprimidos pero seguros de no sucumbir a la realidad.

 

Árboles muertos en la oscuridad mentirosa

Árboles poetas alejados de sus anteojos,

subidos al cadalso,

se superan matándose las ramas una por una

Árboles como estrellas que se hacen visera por la cercanía del sol

En lo alto

Como fugados de la tierra

Timbales de algodón suenan a cielos víctimas de la soledad

Cielos que no se dan una idea de todas las cosas que tienen a su alrededor, de todo el arte para treparse hasta la altura de los ojos, lugar en donde se hallan los gestos más difíciles que un alma pudiera llegar a probar.

 

XII

Los días en que el silencio se detuvo, como una mancha que ya se acepta de tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

 

Abarca con los ojos el tupido de gritos volcados en la espesura de la neblina

Agostos partidos en saladas metáforas de un plato frío para comer más que nada en verano,

de tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima,

 

que las escaleras del pueblo se apoyan sobre paredes que fueron ventanas sobre hombres que ahora son sólo fragmentos de realidad, imágenes de la nostalgia que se hace soberana de tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

 

Las venas se aplastan, sangres como reos que escapan de la prisión maniquea, las razones están en la piel de tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

 

Y lluvias que se guardan en la habitación de los dioses climáticos

 

Se sacan recién a mediados del año, por un juez especialista en liberar sangres y lluvias, en liberar a silenciosos y gritones, poderosos y débiles, a días que ya estaban casi muertos e inmóviles de tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

De tanto tiempo encima

 

XIII

Esperando solos todos sin codos sin todo mudos sin mundos confusos en la oscuridad incultos parando al semáforo no los coches con números protestan y se van se quedan se dejan persuadir se comen los huesos dejan la piel de postre escuchan y se alejan se acercan a la imagen de un policía dos guías tres tías cuatro nadies vendiendo cosas idénticas molestan y prestan la esencia suicida un disco de pasta canciones más ignorantes que nuevas pasiones tremendas bastones de luces poemas polleras recortadas flameando a forzosos soplidos escupen se huelen habitan compran coleccionan tragedias pasean y ojean revistas autónomas corren desesperan la oscuridad ya marea se oyen colores submarinos amigos del frío la rosa del bosque tejido a mano por raíces felices ancianas paradas todas viajan porque los incultos tampoco dejan el lugar cuando se apoderan del tiempo y se conocen los números de memoria.

 

 

 

 XIV

Denunciar la cósmica pero fría puesta de ojos.

Enfrente hay un espacio para triunfantes y más verdaderos aún que los templos de la naturaleza

 Horas que pasan a ser fragmentos de cielo. La tierra fuera del tiempo y las voces como nunca antes en la historia

Tan silenciosas tan cortadas tan que a uno lo tienen por muerto, con la alegría que no se termina de ir de esos labios.

Pegar la vista al pequeño monitor antipático y misterioso que olvida a más no poder los sentimientos de quien lee, de quien acaricia con cada día algo más susceptible al absurdo y la melancolía,

y uno termina subordinándose a aquellas palabras sin piel, sin interés de que lleguen a destino, palabras que podrían no existir sino fuera porque insisto tanto en tenerlas adelante de mi rostro, porque ya no queda más que eso frente a mi. Ya no la piel, ni tu rostro ni tus voces de color a vida, ya no la suavidad que se expande en el tiempo con la armonía de un jazmín de pensamientos almidonados y las espumas con que se bañan los santos en costas cósmicas.

Ya no lo ya visto

y que hoy se parece a un sueño lejano de verano

 

 XVI

Después ese viejo se muere y ¿quien se acuerda?

Si todos pudieran enfrentar los frágiles síntomas de la paciencia, descubrir que el tiempo suele morirse antes que nosotros, y romper los márgenes de una tragedia escrita en clave nocturna

Si todos buscáramos al viejo para recordarlo como si fuera una estrella popular. Por qué detenerse a ver cómo su fragilidad sostiene la bandeja de una merienda que se está por caer al suelo mientras compra todo lo que se le intenta vender obsesivamente a la gente joven

 El viejo se siente joven aunque la sociedad determine las cosas a su antojo y extirpe de sus intereses hermosas sabidurías

Si todos lo viéramos como un ejemplo de vida y tiempo, de amor y piel eterna

Si todos dejáramos de asumir la compasión como un sentimiento estancado e inactivo, impotente y desgraciado, promotor de vanidad y orgullo, y viéramos como su debilidad es son en verdad caricias del tiempo que se comparan a las del recién nacido, cuando el tiempo no era tiempo y sus caricias estaban vírgenes y dispuestas a entregarlo todo por sus hijos

Si viéramos que la indiferencia es una crueldad demoníaca y que las cosas bellas de la vida muchas veces se encuentran en el cesto de la experiencia,

luego de que nuestras demagógicas pupilas hayan recortado la vida en pedacitos

 

 XVII

Soy el acento perdido que en vano frecuenta la oración buscando su lugar, como si fuera la aureola de un cuerpo innombrable que levita sobre los abismos de la civilización

Submarinos violetas que se enlazan a las profundidades de nuestros violentos tiempos, de nuestras aureolas femeninas

Alalia por líquidos que salen hasta por las orejas, y fatigan a los gritos que han perecido reemplazando a aquellos gestos más urgentes

Respirar en el acento

Escaparse de la palabra que habla directamente sobre lo que me habrá de pasar.

Ruidos lejanos y bajitos, que sé de donde vienen pero nunca podré oírlos, nunca podré mirarlos.

Es un cuerpo más entre millones, perdido por la desgracia de que alguien lo ha amado con vehemencia y entusiasmo

El misterio de su intensidad, de sus ruidosos silencios

infectaron el alma del pobre enamorado

 

XIX

El mal de las flores

 

La T tiñe toda tu tumba de círculo eterno,

                                              Cruz sin terminar

              Trazos reventados de terciopelo lunar

Tambores que originan huecos de neblina

                                                                                       Orígenes asesinos abanicándose sobre ideas de grises tardes

                                Y la danza invocada

                                 En filas de luces anestesiadas con paz

 

La T filtrada en palabras que deberían vivir en el más allá del margen

                                                               Buscarse un estilo, un acento, un tipo para la eternidad

El mal de las flores no hace tanto daño por estos tiempos

                         Inspira a un radio muy pequeño;

                                                                                       El mal de las flores bondadosas frecuenta los barrios bajos y altos

                                           Y las gentes toman su aroma creyendo que son fieles a la época,

             que son emblemas de las plantas palabras profetas adinerados que hablan desde los mismos vidrios que sirven también para bajar patinando del cielo

El mal de las flores sucumbe a los animales

                                                                                                   Casi que se regala, confundiéndose así el regalo con un talento

 

XX

Un brazo que sale de un bolso, una habitación oscura y desconocida construida solamente para el sueño de ayer, una pesadilla de niño perdido en las sabanas de un cuarto de siglo.

Luego,

una figura humana mirándome de frente, sin rostro ni luces en sus ojos

Los pensamientos que nunca descansan, auditando las carpas de mis instintos, los cadáveres inmaculados aturdidos de mantra.

La puerta que chilla y pienso a los vientos como asesinos oscuros

Mi corazón es ya un monstruo salido de una roja y profunda laguna

Y despierto auto-bendiciéndome, con el sudor que cae sobre las puertas de mi espanto congelado

 

XXI

Sobre la sombra de mercurio

Imploro casi con llantos (que se cocinan en el instante en que caen)

Tu nombre silvestre, que al cielo le fue otorgado los días femeninos

No sé por dónde empezar a pensar cuando pronuncio tu nombre hasta el hartazgo

Pienso en todas las angustias que construiste inofensivamente para que viva sobre sus sombras

Pienso en los motivos que tengo para seguirte queriendo y no encuentro ni siquiera la mitad de uno

Entonces, ¿Por qué seguir?

¿En qué consiste el estúpido anhelo de que vuelva tu interés por mi, sabiendo que lo harías por lastima o conveniencia?

¿Sabría verdaderamente que lo harías por ello?

Tal vez mis lágrimas provengan de alguna fuente sabia del interior, segura del agua que manda al mundo

Que está segura de creer que hay una parte en vos, una mínima parte que piensa, siente y llora por mi, pero que inconcientemente no la acepta y se pierden en tu cielo

Su cielo es el que no me acepta y su color el que alimenta cada vez más el ancho de mi sombra

Me dejaste babeando las paredes del silencio hasta llegar a la estación “eternidad”, en un vuelo horizontal que no admite más que pasajeros suicidas

 

XXII

Durante la noche, al término de una década, llegás tarde al encuentro, ¿pero sabés lo que significa para mí un encuentro?

Mi historia de vida los cuenta con pétalos de un tulipán enajenado, mi alma lleva cada uno de ellos en sus manos

y son pesados para la memoria que estresada de tanto pensar deja que sean ellas las que lleven este tipo de cosas

Tu iluminación, verde como el reflejo en las aguas que habitan detrás de una colina cubierta de naturaleza inmadura

Tu iluminación tan tímida y profunda, hace del encuentro una planicie de charlas misteriosas, abundantes, eléctricas, tupidas por la incertidumbre de lo que habrá mas allá de la abundancia de estas palabras

Y tus ojos que me miran ahora con un gris que ha alcanzado su maduración

y el amor que todo lo sabe a la hora de interponerse para que los rostros se conozcan aun mas y ya no se miren pensando tanto en lo que miran, sino abstrayéndose del todo

La confianza por un momento parece tanta que es como hacer el monologo con uno mismo

Y las lagrimas que nunca llegan, pero justamente por ver en el otro ese alguien que nos mira con sinceridad y nos escucha, ese alguien por el que el interés se duplica al darnos cuenta la poca relación que tiene con nuestro pasado, nos damos cuenta de golpe, de la complejidad y lo sencillo a la vez del destino, el oximoron, la cualidad primordial de aquellos destinos tan especiales, donde los cuerpos parecen envueltos en una mística que trasciende el tiempo y todos los gestos y las palabras que se fueron construyendo logran alcanzar el podio de nuestros próximos recuerdos

Tu sonrisa que amaga a veces con ser feliz, en tus diálogos de hermosa melancolía que gestan mi propia existencia, en tu sensibilidad, el pétalo con el que mas me identifico porque tiene tu esencia bien desparramada dentro mío

Los impulsos que tengo tan puros de que tu vida sea bella,

mis ganas de confortarla son infinitas y por eso llegaría al punto de ahogarme en aquellas profundidades de tu alma

Tus ojos incitan a tener una muerte placentera, con tantos sentimientos como décadas queden por vivir

 

XXIII

Este es el comienzo de un eterno retorno

La muerte en vano se presenta en sueños y la realidad aúlla ante su presencia nocturna, blanca como el plenilunio de un verano agobiado por tantas que surgen de las más profundas raíces operas.

En el barco de los pulmones que pronto partirán, de seres unidos por el inevitable destino de perecer haciendo todo el ruido posible, protestando contra el obvio olvido odiado osado orondo y orquestado de los inválidos de almas

Cuando empezamos a ver a todos los que ya han partido y lloramos, porque es la forma de pensamiento mas compleja y apta para superar cosas que como seres humanos no podemos entender ni explicar, ni siquiera saltando sobre poemas que llevan a la vera de un río inmaculado, el llanto, que desde las cabinas amorosas disparan lluvias hacia el cielo y la madre nuestra que esta en la tierra sonríe contenta que sus niños regresan con ella.

La flor erguida sobre la tierra húmeda, despierta por los que ya no tienen ganas de nada y nadan junto a las lombrices, en amaneceres oscuros de mareas estáticas

Vuelos bajos por donde queda el eterno retorno, el fantasma aterciopelado de los sueños primogénitos y el día recubierto con miles de sabanas nocturnas que jamás volverán a la seducción del cuerpo,

a quien solo se arriman ahora espíritus infectados por el calor mortal

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