Avisar de contenido inadecuado

Poemas de una semana de invierno

{
}


Julio César Belmont TAGS:undefined

 

I
Una gripe de peluche paga esta respuesta como de H.F.H*
como el ícono preferido del rocío
Una taza de Vick. El sol de un hazmerreir
El fresco disfrazado con una campera magenta.

Era Dios reflejado en estación,
las ruinas de mis pensamientos pasados: el alimento de la Luna                               Suicidios que no fueron enterrados

Una frase desaparece para traer este vacío alunizado

Y de todos nuestros antefuturos cayendo de la torre invernal,

y de todos nosotros que caemos sin darnos cuenta                                                     cuando la vuelta se erige por su círculo comprimido,

por su límite prestado del espacio

Enredados en el silencio violeta del nocturno.

Ese gesto tan fresco

ubicado justo                                                                                                                             entre alguno de los ojos                                                                                                           que mentaron las huellas de un viento

*Henry FitzGerald Heard (1889 – 1971)

II
La Cosa es una misericordia en el altartico que deforma el marco.
Destruye el crisol de la inmensidad celeste.
Los perros del equinoccio entran como gatos                                                   embalsamados en la orilla de un cuento
Mansalva de blanco congela una pantalla desbocada.
Me fio de tener en cuenta solo esta película                                                                 cuando el recuerdo hace frío y deshace los dolores infrarrojos
Una secuencia de materia carbonizada solapando el quinto elemento,

haciendo de los testigos                                                                                                   atroces monumentos sin permiso de conducir la quietud

Nos acorralan unos huesos blancos decididos a comparecer                                             ante el brillo del corazón olvidado

Nos acorralan unos hermanos,

hermosos cuando saludan de paso
Cuando nos dan el okey

en vez de un gran abrazo

III
Esperar una metodología. La luna en cinta (scotch)
Alegoría de relámpagos a la inversa. El canal explota y devora luego mi antebrazo, inmaculado
Hoy el zapping y el gato; el relámpago que dio su vida por un centello de luz.
La brigada de los antaños cuerpos galácticos
Hay un sueño que cumplir. Un final. Una final.
Todo es ilusión aún
Y lidia con esta realidad repartida entre lúcuma y los invisibles sexagenarios
También es amor
No se sabe bien de quien.
Debo ser como el invierno, que siempre se estaciona mal,
muy encima de los cuadros hielocéntricos,

de los auto zombies que caminan sin conductores en sus cabezas

IV
Despertar, anhelar no se sabe bien que, es gozar de la vida.

Tomarte del pecho, volverte un monstruo sin cabeza (esos monstruos son los alegres)
Despertar el opíparo aire, saborear una existencia conmovida. Desayunar consciencia entre los ángeles y demonios

y las ondas silenciosas que recorren los poemas

El viento intenta llevarse mi rostro a toda velocidad
El viento es quien mueve los astros y las paletas del conejo negro
Quien despeina el trofeo

y el sueño blanco de una luciérnaga

V
Atrevidos fueron los excesos del vidrio
Pensando todavía cuanta magia se explota y desangra.                                                         Aurora provista de luces en diagonal.
Pulseras repatriadas, muñecas del vicio que se introducen telas a más no poder
Medias flúor que contrastan con el color invisible del pie
El numero cuenta los destinos del pantalón de fútbol
La camisa de un trabajo primitivo puesta encima de mi espejo
Un todo que luce la fragilidad del tiempo
Las mareas entre masetas naranjas oliendo el invierno
El cristal envuelto en un león coronado y azul, como la escalera al trofeo
Hay un tajo en mi camisa desde el que respira mi brazo.                                                       Parece una concha en mi cuerpo,
Una salvedad varonil que condensa el lácteo de mi espíritu en un andrógino simpático

Estoy pensando si debo llamar a este momento
O si lo debo dejar que se vaya,
que es naturalmente lo que hace un momento

VI
Empiezo con el niño prodigioso que almacena la nostalgia mundialista. Me compro un libro de las cosas maravillosas. Entrego un informe definitivo. Continuo donde las cosas aún están por florecer. Donde “erase una vez (dijo el marinero que le contó su abuela) un semillero muy enfermo. Demasiado débil para migrar al sur. Dijo a sus hijos: váyanse sin mí. Me voy a proteger del frío y nos veremos a la primavera. El ave se fue a ver a un roble y le pidió que lo proteja, en su follaje. Pero el roble, un árbol frio y arrogante se negó. El haya, el alamo, el sauce, el olmo. Todos se negaron. Entonces llegaron las primeras nevadas. El semillero intentó una última vez con el pino que le dijo: no puedo protegerte, sólo tengo agujas que dejan pasar al aire; pero aún así, te contesto que si. Muy contento el semillero se escondió allí y sobrevivó al invierno. Cuando regresaron sus hijos lloraron de felicidad. Al ver esto el creador decidió castigar el egoísmo de los otros arboles. Desde entonces todos los árboles pierden sus hojas en invierno, salvo el pino, porque salvó al semillero”
“Una historia muy bonita (respondió el niño), pero las propiedades aislantes de las agujas del pino no serían suficientes para calentar un pájaro como el semillero. Su abuela le mintió”*

*texto extraído de la película "The Young and Prodigious T.S. Spivet" (de Jean-Pierre Jeunet)

VII
Entrada la mañana, las esquinas todavía enmarañadas en el cristal húmedo.
Un vuelo permanece atado a los ojos del sueño (para-caídas migratorias)
Los ilustres cóndores azulados entrando y saliendo por ventanas invisibles.
Es Dios levantándose con su caparazón de luz.
Las telas colgándose de los brotes sin flor
Las prestancias de infancia recogiendo los restos del día anterior.
El acabado versículo de las estrellas que oyeron los cuentos del abuelo
La luna batiendo sus cremas.
La vigilia condensada en un pueblo apasionado,
el crepúsculo enfriando narices de payaso
Mientras en una mesa calienta el locro su ecléctica correspondencia

Rebobinando más se llega a entrar de vuelta en la mañana.
Se llega tan lejos como un canto que no ha hecho lo suficiente, pero que ha dejado su huella como las ruinas de un tiempo humano,
como la poesía enjaulada en el uni-verso,
como el amor cuando se lo recuerda con marcada métrica de melancolía

VIII
Avistamientos fugaces del pan ocre
Arquímedes pintando los tímpanos del panteón
Juglares a mansalva escapan de la revolución marciana
Las cámaras de Meliés, inmóviles, capturando el momento, el verdadero momento de la llegada del hombre a la Luna
Un gran salto para la humanidad pero uno pequeño para mi puercoespín, ese que dispara siempre a la salida de los partidos
Mientras se viaja hasta el satélite uno siente ganas de explorar, de brincar en cámara rápida,
de soportar el desprendimiento de cada lunar como un desafío de la materia
Todas estas secuencias van unidas con huesos transparentes,
con telescopios que nos acercan los sueños a una pantalla
Y esto solo puede ser detectado en la estación del instinto,
del día más largo (que es cuando se debe hacer el viaje),
del oprobio más corto.
Cuando se lo desalienta con el desnudo ramaje de los no enviados

IX
Este frágil oleaje sacude mi sexo enalteciendo la ropa que lo esconde
Se resbala en la sabia. La pantera rosada:
Estas piernas que la transpiración inmiscuye contentas, sedientas ahora de colapsarse con otras.
Mi cuerpo no se enfría, aun cuando se desviste en el invierno
Mi cuerpo abriga la frescura del pino,
limita con el espacio de los escalones y el circulo.
Una mujer es la que burla todo limite ermitaño,
toda sombra de concreto,
todo despotismo de otro hola en este pequeño mar

X
El descendiente de los rumiantes envejece para que nuestros pelos no se ericen con el viento
Una sinagoga de plomo descubre que las cosas de este mundo tienen el arcoíris apagado por falta de triángulos y cabezas sin radio.
Hay un sismo viviente que repercute en esta soledad de grises ocupas.
Hay una siesta de ser siendo sencillo en los saludos de policromo
Yo prefiero lo que me dieron estos años académicos, físicos, imponentes como la salamandra recién nacida.
Yo prefiero tu calor en las orillas de mi proyecto de ser,
cuando me abracen tus crisoles colorados
y me besen lo que tenías entre manos y fragancias de fantasía

XI
En un barco, cantan las mujeres un túnel por lo bajo
Sube la temperatura, el templo exquisito y azul mueve los bosquejos de la nube.
Otros estiman de parados el pronóstico de hacer flotar,
lanzan aves destiladas y granadas de cordura.
En nosotros vive ese sueño que los evade para resaltar el juicio de la realidad
Tomamos el binocular para practicar en la luna,
con los ojos en Julieta y las pestañas de en frente
Así no quiero invadirte, porque la electricidad es fría cuando pierde velocidad y se acuesta en los cables.
Otro día diré lo que siento cuando viajo a toda electricidad,
aunque lo podés averiguar tocándome con tu garganta de terciopelo,
husmeando mi corazón casi con tus labios,
que se deleitan con cada verso de piel que sale de nuestras ropas

XII
Ese viaje al fondo del templado quiso seguirnos,
extraernos del terreno a castillasos de barro y balines de pulóver,
ese viaje nos empezaba a hundir profundo,
saltando los abismos con palas de tecnología y derrames de amor platónico
Tampoco sabía el tulipán esa canción disonante preparada para nacer en primavera.
Todos los micrófonos miraban cuando el subibaja se ponía en movimiento,
y una ronda de plastilinas ejercía fruición en la máquina,
hamacarse con gorro de lana y bufanda;
saltar en el campo como si explotara el mundo por detrás.
Cartas de una monja portuguesa en la vida secreta de las palabras,
en el de Bioy
y en esta pléyade vacua de sentimiento enlatado,
esa es la palabra

XIII
En una casa de cielo nublado, las toallas sin centrifugar parecen ahorcadas en la soga,
goteando todo el cadalso de mi terraza,
otras toallas lucharán contra los cuerpos que transpiran en las duchas y en las canchas,
y esa venganza de toalla merodea todo el anochecer postrero
Uno se va acostumbrando a los desiertos grises de invierno,
a la soga incolora que culpa con displicencia,
y en las tenistas se irá incitando de vuelta la primavera de faldas alertas,
mientras que mi sombra permanezca iluminada a mi cadáver no le deberé nada,
otra cosa que la oscuridad de todos aquellos días soleados

XIV
Se cumplen los horizontes de rubias y cegueras parciales,
la casa para ella sola,
un puñado de rojos por la ventana en cruz,
los inigualables candelabros del cielo escogen apagar las calles y los premios de acuarela.
Una semana sin futbol, sin mundial, escondido en la eminencia licenciada,
detrás de una puerta el asmodeo fascina vibrando las máscaras y los racimos.
Todo se pretende pasado meridiano,
éxtasis de museo antropomorfo,
sillones bordo invitando al silencio quemado,
el grito ya no permanece,
es un testigo perdido en aquellos buenos aires de la pasada semana

XV
Entonces vamos bien, como Rembrandt,
como los que reman los domingos por la mañana,
los gemelos descansan sobre los tobillos de un gigante Alejandro,
tengo el vaho permitido,
la sapiencia del apostrofe canonizada por los oráculos que regodean al gato,
me siento entumecido, por llorar despacio,
a kilómetros de mis pies,
me ataron las manos a un poste de fosforo panóptico,
el invierno centinela vigila mis capítulos epidérmicos cuando se desviste para mostrar sus poderes, hoy funciona entre los versos de veredas con sol,
entre estacimos comprando muletas con tragedias mutiladas,
se han despedido las ultimas hojas, ya disecadas y recogidas para mi colección de nostalgias, tendrán la fragancia artificial de la habitación

XVI
Este invierno genera plegarias de acero,
hematomas en la cueva del oso,
forenses castigados por tractores sordos cuando el crimen aúlla sobre la memoria de una estrella.
Oriente penetra los audios en diagramas foto siniestros,
es el viento una concavidad de vestidos insobornables soñando que visten a la tierra,
una persiana contempla su viaje.

XVII
En la hondonada se frecuenta un establo de caballos desaparecidos,
las memorias de Watson se disparan con el viento,
en el shopping otro siglo vende este planeta desconocido dentro de un libro,
los borrachos aplauden hasta preparar una resaca de crimen plagiado,
el aroma del café se mezcla con las hojas,
las van pasando cual viento negro llevándose raíces flotando en el sinóptico.
Crecen estas siembras de padre,
de encuentros vilipendiados,
y en los escombros la lectura se descafeína,
se torna transparente porque el placer cala profundo,
cuando el placer evade los dichos virtuales la naturaleza se pone contenta,
los vientos se llevan las cosas con orgullo

XVIII
Mi amigo se lleva los conjuros por su pasión al vino tinto,
epidemia de cristos en los toboganes demacrados,
en las plazas, los pasillos y los templitos de mono ambiente,
la música es un rito de estatuas exorcizando el silencio,
franqueando los umbrales de libertad en la carne
El frio nos entrena para los futuros de árboles brotados,
amarillos como la rima de Federico y los circos abandonados en el pijama,
a estos limones les vendría bien un estilo de cortar pálido,
fingido como el ocular bramido de los soles gélidos.
Es de esperar que la cosecha se remangue el pulso de mujer,
el flequillo de una penitencia y un llanto y una niña en el rostro apagado de nuestra compañía virtual.

XIX
Los castillos tienen el aroma de palomas,

el blanco ojaldre de h usurpando el nombre,

esto es una farsa de complices que abrevian los ocasos en alambre y penumbra, esperando del instante un principio de minuto

Arthur Conan Doyle se desentierra para escribir sus teorías de darse por muerto,

es el sol en un mediodía de invierno,

el que destapa la sepultura de cenicientas,

los tamaños del follaje acostumbrado ya al invernadero

Esta cajita tiene las astillas quemadas por el reloj casero,

el fantasma del sol proyectando sus sabanas a contra luz de misterios automáticos,

el fenomeno desciende sobre los acordes del acelerador,

para distanciarnos de la distancia,

del muro que limita con la vida,

con el frisbee de películas coreanas que giran durante todo el resto del día

XX
Lo único que tengo es un poder grasiento,

de balada distante,

de mujer eligiendo mi destino,

sugiriendo mis pedazos para cuando salga de gala,

otra de las copas torcidas se divierte en el inconsciente de mis primos,

como de pesadilla hace una pose de danza macabra,

se ríe de las bebidas cuando lloran su orgasmo de cultura gaseosa,

El invierno soporta cosas como estas,

subido al páramo de los meses mesetas, la joroba del año, el uso desproporcionado de los chocolates,

la pintura magnética que alumbra las farolas apagadas del barrio,

los techos de tincho,

el abrigo fundido en todos aquellos

que anhelan un pronto retorno del verano

XXI
El invierno confirma que su abrigo es una primavera de felpa                                               Que no es tan extremo, porque renace los plexos del año,                                                     el occipucio entrado en horas

Este sol desmiente todo lo dicho, esta luna vuelve a mentirlo

Ayuda a no perder eso tan insoportablemente susceptible de poemar,
como caminar abrazados por tener el frio del ámbar,
ese límite impreciso entre nuestras ropas que nos olvida la estación

en la que habremos algún día de bajarnos

{
}
{
}

Deja tu comentario Poemas de una semana de invierno

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre