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Poemas de una semana de otoño (2015)

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Fotograma de Les amours imaginaires (2010) TAGS:undefined 

 


April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.*

T.S.Eliot,
The Waste Land

 

A la naturaleza y sus misteriosos corresponsales de otoño

A.S

 

Valija Santa

Esta valija lleva ropa de otoño a cualquier estación.
Una colonia de sacramento,
varias alturas de París,
cartas ajenas que se encontró en la India,
un punto de vista del Obelisco,
mapas diseñados por elefantes africanos.
La temperatura exacta de la Primavera de Praga.
El Bedlam in Goliath comprado en Jerusalén                                                                     (edición prohibida que incluye un tablero de ouija)
Lleva pilas y pilas de contornos de cordillera,
poemas de Granada
Asia, en masitas

Esta valija guarda un canto perdido en la medianoche de Varsovia
Se busca en medio de la oscuridad
(Esto lo aprendió a hacer en Budapest)

Dominique, dice el Viento
Y se abre revelando su nombre
y un hombre helado que retorna bajo el sol
Esta valija se imagina el crepúsculo
aunque lo lleve siempre encima
Por fuera se siente desnuda,
como las estrellas cuando hay apagón de luz

Esta valija esconde un número secreto
Que dice tener la clave para rodearse de paz
Y atribuirse el odio de todo el mundo.

 

Secreto de los Álamos 

Los álamos dieron a luz otro libro marrón anaranjado
El libro se encuentra desparramado en miles de hojas secas
Cuando diluvia, se corroen sus oraciones de nervadura
dejando inconclusas las crónicas del viento
Las calles saben que otra verdad se está por borrar,
cuando se nubla
Cuando la marea sube y los paseantes caminan con indiferencia

Si pudiéramos recolectar todas las hojas
de todos los libros marrón anaranjados que dan a luz esos álamos
Obtendríamos un mérito:
conocer el secreto que guarda este otoño

 

Pre venir

Aquel día me dijiste que vendrías a comer
Como quien dice un poema de Neruda mientras se muere
Me dijiste un deseo sobre el mantel
Como quien ya cumplió todas sus edades
Me dijiste las cosas así como quien no dice las cosas así
Como quien siente un día de verano el dadivoso descuido otoñal,
cuya gris humedad retira del cuerpo toda la sangre blanca del agotamiento

Y yo me debo prevenir de lo que no me dijiste,
como quien se previene de las cosas que dijiste
Me debo remitir como un claro de Luna al amanecer.
Como cualquiera de las murallas simpáticas.
Como los relámpagos escribiendo iluminaciones con el sol
Como el otoño apiadándose de una flor

 

Pensar en la nada

En las góndolas hay vacío de licores
En el cine, vacío de amores
Tampoco hay actores.
Hay seres invisibles
Son como pensar en la nada
Frecuentan el viento y las caídas crocantes de las hojas
Se camuflan con el espacio
Cuando faltan a la cita nadie se da cuenta
Y esto los hace lamentarse más que la imprudencia
Son víctimas de lo que deja la palabra soledad después de pronunciarse

No son nada
Pero tampoco se pueden olvidar.
Son como una estación en el espacio que desapareció del tiempo
Una mezcla de verano-otoño,
de otoño-invierno,
de invierno-primavera, de primavera-verano
Un to be-not to be: ser no estar.
Una cuestión de misterios
Son seres de mentira porque entre ellos se dicen la verdad
Creo haberme sentido parte de estos seres
en las mañanas de abril,
cuando los rayos brillosos y el fresquito otoñal proyectan
una dimensión perdida sobre el aire acrisolado
¡Ahí están!
El zorzal también se dio cuenta
Y empezó a cantar

 

Eterno retorno

Cantar felicitados en posición de enganche
Por la corriente se me cae un cielo parecido al estaño
Hay que verlo para no creerlo
Los colores invaden el mundo como la trilogía de Kieslowski
Hay una niebla derramada por el aire
Una casa de madera se lleva el suceso con suspenso
Un botón de otoño celebra el atuendo
Los marcos están fríos desde tus ojos
Como la moneda que de su bolsillo fue a parar
a la sombra antigua que tienen las veredas
Ahora las hojas esconden esa moneda
No por avaricia,
no por un sueldo que creen ganado de tanto rodeo
Y pensar que el hombre de aquel bolsillo
iba comprar un cuaderno de hojas para su niño

Nada más triste que esperar por este eterno retorno.
Y no recojas las hojas,
porque estarás regresando otra vez a las cavernas,
donde ahora pasan bondis con tarjetas baja
Y otoños de nuevas fragancias:
las monedas tiradas habrán de sembrar auténticos arboles de cobre y plata

 

Otoño Crucifixión

La pasión aguarda reflujo paracetamol. Semana de santos itinerarios cantores bandos claridad vos estás llegando. Notás y evitás te escondés en la bufanda.
Camino quejé cajones mis informes sobre leídos otro par de queridos. Las flores se oponen. Se esfuman faros fumamos caminamos a través de los años.
Fotogramas del Parque Central en Allen Woody Leandro desintegrando vapores naranjas y verdes y rojos y marrones de colores hasta los azules paramos no tomamos nos inventamos. Abril abrigamos. Di besamos. Di corríamos entre los árboles.
Las ramas encima vestigios de cadáveres crucificados y nosotros abajo y nosotros abajo dábamos la vida por crearnos el aura lejos un sendero devolvamos todo lo que tragaron nuestros ojos volvamos y acostémonos sobre el otoño miremos esos brazos esqueléticos horizontes sobre fondo nublado quedémonos así como siendo testigos de caídas las hojas los ángeles hermanos los pintores en paracaídas las luces que llegaron todo lo que se nos cae encima pertenece al cielo.
Nosotros la tierra un donante privilegiado de sus tesoros más preciados.

 

Me parto

Me reposo en amor otomano
Programo el sueño sin saberme la noche de memoria
Es un campo lo que guardo mirando
Algo parecido a la libertad: son los colores corriendo en otoño
Por supuesto que no hay placer más infinito
como atardecer junto al sol
Separarse de los contornos humanos
Hacerse camino un poco
Reproducirse de amarillo
Bañarse en hojas que han puesto todo su empeño vuelo
a disposición de la tierra
Esta semana deliberé sobre las palabras secas
Hice un puente derribando materiales reciclados con rayos
Viví caminos acostándonos como niños anestesiados
Hice valer toda esa pasión que no estuvo durante mi adolescencia,
cuando reinaba la melancolía y el otoño se erigía como un pálido grano cubriéndome el rostro
No puedo aguantar esta pasión que viene aguantando todo el verano
como quien debe exorcizar su espíritu de maleficios estacionales

Cómo hallo la parsimonia si me parto
y me parto
y no paro de partirme
Ahora soy un puente que pende de dos acacias
Y de lo inspirado allá en el lago
Esto es aguante
Una postal que vibra sobre la única pared que ha sobrevivido al viento

 

Ceremonia de indiferencia

Quise finalizar imponiéndome en fina actitud de indiferencia
Como mis hombros soportando el peso de las hojas que no llegaron al piso
Como mis pies aplastando la muerte digna de las que sí llegaron
Como mis ojos perdidos en un vacío de insoportable verano
Como mis manos, recluidas en un mismo bolsillo aterciopelado
Como mi pelo visto por última vez cerca de la visera
Como ha quedado el cuerpo después de un baño caliente

Esta ceremonia es orientativa, equivale a un durazno después de haber sangrado
Equivale a los ciclos de otra naturaleza que alterna solo entre lo otoñal
Ya no puedo quedarme varado.
Soy como un imán debilitado sin el suministro
Aparte guardo las estaciones en heladeras no correspondidas
Esto es propio de una fina actitud de indiferencia
No lo puedo evitar
Cuentan algunos que el otoño guarda historias especiales desde
hace muchas dimensiones de tiempo
Y es por eso que hoy su retorno genera un aire distinto
Tiene la viva ración de magia
del que se le ha sublevado a un Dios.

 

La pared

Tomando el sol de mediodía, la pared de mi habitación ostenta un blanco brillante.
En el medio, su ventana absorbe la vitamina.
Aglutina toda la sapiencia: el contra-plano de una postal de terraza es un tubo que transporta toda la energía del sol a mi habitación.
Esta pared tiene el privilegio de posar frente al otoño en su horas más bellas.
Ese blanco inmaculado no es tanto un reflejo de los colores que se van bordando durante estas épocas.
Es más bien su soporte. La enorme fuente de vacío por la cual esos espectros de color acontecen.
Antes, en el verano, esta pared sufría. La luz ardía sobre su piel.
No podía posar. Se achicharraba por dentro. Mi habitación era (es) como su organismo
que en el otoño vuelve a recuperarse de insolación.
Pero además la pared sabe que el otoño viene con poderes especiales,
y eso que la ciudad le da la espalda y no puede corroborar nada de lo que sabe.
Pero lo sabe. Es un acuerdo que hizo con el viento.
Este va y viene a cada momento y le cuenta de todo.
Le cuenta sobre las camisas escocesas que la gente ha sacado a relucir.
Le cuenta sobre los aromas nuevos que salen por algunas ventanas
Aromas que el viento no puede reconocer por su olor pero si por el tacto
El viento le confiesa que los aromas son como varias camisas escocesas que algunas ventanas amables le regalan para que vaya abrigado.
Le cuenta también a mi pared que los arboles (al contrario de las personas) se desvisten; pero dice que habló con ellos y le dijeron que es una donación.
Un acuerdo (porque el otoño vuelve a traer la posibilidad de ponernos de acuerdo) que hizo con la tierra para que cuide sus hojas,
y para la tierra cuidar de sus hojas es bañarlas en colores, cambiarles de ropa.
Por eso detesta tanto la tierra que se hable de hojas muertas y se las pise sin prestarles atención

La música, le dice el viento a mi pared acercándose por la rendija que tiene el marco de la ventana, es otra de las cosas que nos trae con creces el otoño.
“Yo en verano no tengo tantas fuerzas para traérselas”.
Luego de decir aquello, el viento desembolsa un canto lleno de pájaros y poetas e instrumentos y vestigios de melodías.
El otoño de Vivaldi, de la Beatlemanía, el Bello Abril de Fito Páez y Luis Alberto Spinetta; el de la Misa Criolla, Yann Tiersen; la Fuerza natural de Gustavo Cerati.
Ahora el cine, le dice el viento, y sigue desembolsando personajes y fotogramas de toda la historia del otoño. Los amores imaginarios; un tigre de papel; Azul y no tan Rosa; los otoños de Woddy Allen y Kieslowski y Jean Pierre Jeunet.

Así es como se va dormir mi pared
Cuando cae el sol mi pared mantiene su luminosidad
Es como una batería de cemento palpitando de gratitud,
iluminando a la propia Luna.
Sumando otro rincón de estrella

He aquí algunos de los poderes especiales que trae el otoño.

 

Palabras de colores

Las palabras regresan con el otoño
Se acuestan pensando que son hojas
hojas que aun no se escribieron
Recogen el temblor con la parsimonia de un barrendero al amanecer
Desaparecen, cuando nadie menos lo espera
El otoño es como un cuaderno infantil
Hay palabras de colores, trazos irregulares hechos como por el viento
Los márgenes están de adorno.
Hay una delicada fuerza telúrica llevada a cabo por un niño engreído
El otoño insinúa un Fausto captando el espíritu de la tierra
Es por naturaleza, Mefistófeles
El otoño es literalmente un momento de transformación.
Un pacto donde se procede a rejuvenecer la piel del tiempo,
la pantomima del viento.
La sensación de esmeralda que siembra una caída de follaje
¿Dónde están los caminos que el otoño ha escondido?
Puedo ver el regreso.
La transformación del camino en poesía visual
La infanta arboleada delirando por el naranja.
Y ese suave frenesí que se respira en un cargo de consciencia sinestésica.
Una madre tierra que nos invita a descifrar el código
a través de todas las formas posibles
destinadas a perecer con el otoño.

 

Otoño y paz

Elegimos la paz, hay demasiados colores como para no elegirla
Elevamos la tierra por sobre el nivel del amor
Las tardes de otoño acarician nuestras miradas perdidas
Hay un goce que se estimula,
que rige las suelas como para caminar en la altura.
Para recorrer los caminos de un pájaro durante el otoño
Dicen que se ven tan rojizos y preciosos que el paraíso se volvería un lugar intolerable
Esto es la paz.
Volar en libertad durante el otoño,
frenarse para flotar sobre los árboles.
Reservarse el derecho a llorar desde lo alto.
Y ver cómo nosotros también podemos hacer llover

Estos privilegios son para dejar el tiempo abajo
Fabricarnos un tapado que dura el proceso de las flores marchitándose
Hay un espacio diferenciado,
lleno de puro deseo y aire de colonia
Hay creencias también pero por distracción.
Porque es tan lindo lo que se ve que, ¿quién necesita creer en otra cosa?
Se cumple aquí con el deseo hasta de no llegar a ser ciego,
como un Fausto vaticinando utopías.
Esta satisfacción es traída solo y por el otoño.
Estos no son ojos del espíritu. Son visiones reales
Es preciso ahora bajar a tierra y creer (ahora si creer)
que sobran los caminos
Que vamos aprendiendo de los segmentos transitados.
No puedo más con la elegía,
y yo que me moría y yo que me moría

Es prudente recordar que estamos en Otoño
Cada vez que no usemos moño

 

Dejadez

La ciudad vacía sus sonidos en mi terraza
Todo el eco dormido se mezcla en una taza de café.
Antaño, cuando no había ciudades ni terrazas los silencios llegaban a cualquier parte.
Poseían un color particular en el otoño,
un color similar a lo que deja el vuelo de una hoja de abedul cuando grita buscando a su padre (ahora ya no las escuchamos)
Esa dejadez que se ve hoy en un tren después de pasar, ya no es la misma.
Porque luego viene el golpe de un taller, máquinas perforadoras, aviones, autos, voces, radios, heladeras, tambores.
Ya no hay lugar para la dejadez en la ciudad
Por eso es que a la noche algo de aquel misterio perdido se empieza a intuir.
La noche celebra la quema de colores
mientras el alba recibe nuevamente un viento plagado de silencios
que el otoño convierte en canto.
Como un maestro de orquesta,
el otoño dirige esta zarabanda
a pesar de la industria que el hombre puso sobre su compañía.

 

Labor de otoño

Cálida rotación
Encuentra la instancia de confundir su mar con el abrigo
Son tiempos definitivos.
Los días hacen malabares con las últimas ciruelas.
Las noches enfrían cualquier codo (Los cachetes son para el invierno)
El sol rebota sobre las hojas amarillas, salpicando de brillos a todos
Otro magenta convencido aparenta un aire privado
La cenicienta del otoño: te hemos estado esperando
Cálida renuencia a levantarse. Imitamos la gravedad de las hojas
Toda nuestra fragancia se pudre en un contorno de lápiz
El acto de trepar haciendo teatro por las ramas
Entramos a perturbar el sexo del girasol
Hacemos el trópico de vida
Esta disciplina facilita las tareas al otoño.
Todos ayudamos un poco en esto de recolectar impresiones cada día.

 

8/4/2015

Hoy miércoles ha sido una tarde hermosa. Anduve caminando por Recoleta. Atravesé la plaza Intendente Alvear cubierto de un amarillísimo centello prístino que me congració al mirar por encima las estatuas del centro cultural (antiguo asilo General Viamonte y convento de los Recoletos).
El sol me agrupaba junto a un resplandor de fantasmas de mendigos y frailes franciscanos (miren si había sol que a los del cementerio no me los crucé)
Era un jesuita más atribuyéndome el estar por divina voluntad del señor Otoño
Me sentía tan parte de aquella ceremonia que comencé a sospechar si no era en verdad la reencarnación de algún enfermo mental del asilo.
Este lugar es mágico por donde se lo mire: la terraza del centro cultural (cual olimpo con sus estatuas dando alimento a los dioses) y la capilla neogótica rosada.
Esto es como habitar un jardín me dije. Un jardín otoñal en mi consciencia de narciso
donde confluyen la Belle Époque con la moderna Buenos Aires.
Y más adelante el puente Figueroa Alcorta,
que es claramente un puente de regreso a nuestra dimensión
Esto es como danzar junto a la luz, aplacar el mal de las flores, zambullirse en una Traviata.
Hasta cuando ya pegás la vuelta, los frenos del 110 se parecen a una música,
por lo que compensa toda esa visión que será reiterada desde su ventana
Esto algún día lo recordaré, me vuelvo a decir.
¡Pero si ya vine! Y puedo volver cuando quisiera.
Es extraño. Cuando vivís realmente un suceso, lo vivís como si lo estuvieras recordando, como si una parte de vos no estuviera allí.

Esa apoteosis de la consciencia cuyo marco de piel ignora. Lo ignora como si la obra de vida fuera todo el museo.
A propósito, debo volver para recorrer el museo de Bellas Artes.
Así que tendré tiempo para volver a recordar

 

El fantasma del otoño porteño

Entristecido por el nardo acabado.
Le recuerda su corta vida de seductor
Enarbolado por la corriente de un viento atrevido.
Es el fantasma del Otoño Porteño
Viste un atuendo con pieles nuestras
Flota a cinco centímetros de la tierra de Abril
El Otoño Porteño es como el fantasma de Canterville
Tiene las raíces invisibles, como sus llantos,
como su respiración de ataúd
Se pasea por las plazas y los festivales
Una confesión de alegría: Le gusta esquivar el suicidio de las hojas que se tiran de los nogales

Cuando llega finalmente al río,
Se mira en su reflejo contaminado
Hasta la bruma lo confunde con un carguero solitario
que ya huele a oxidado
De dónde sacar fuerzas se pregunta. Si soy un eterno desempleado
Ve tan lejana la resurrección de la primavera
que se pone a llorar desconsoladamente
Pero como toda muerte objetiva, sus penas no son suyas
Él está apenado porque ya nadie le presta atención
Todos han emigrado a otra estación,
donde los crepúsculos se hacen con pixeles
y los murmullos del viento ya no tienen su fascinación de espectro susurrado

Todo se ha vuelto artificial
Y con las palabras del escritor no alcanza
Y con las palabras del escritor no alcanza, vuelve a decirse
mientras se toma el centro marrón
y se tritura con sus manos,
quedando como una ceniza de fronda seca.

 

Búsqueda

Un romance prosigue el trance
Buscando evadirse de algo que no es lugar
Ni clarividencia
El otoño
un rodaje antes de la barrera
Cuando hay espera
Sonríe al mantra que aturde
Y a tour de bandera juega carreras con el tren
De esta manera su teatro físico reduce el plexo a una comedia del tiempo
Sus actores (vástagos alicaídos) asociados a la tierra performática
Están perdidos en otra madre. Se buscan
Es una búsqueda de abuelas

 

Museo Del Prado

Por dónde alivianar el rosario.
Esto que nada protesta como un marchitar de hojas viejas
¿Qué es el grial?
Pregunta otro santo mirando con lágrimas al otoño de Valencia
Un ingreso de catedral.
Un bálsamo para aliviar el dolor de Pasifae
Tanta humedad que baja del cielo
Tanta flagelación Caravaggiana
¿Podrás Rafael con el Pasmo de Sicilia?
¡Pero si ya están en Del Prado!
El entierro de Tiziano
La coronación de espinas de Van Dyck
Todos cristos Del Prado ¡Liberados!
El otoño es un cuadro complejo de creencia
Y su creencia es como el talento que se extrae de los artistas

 

Yo soy el otoño

No me oís repetir con el cincel mi corte de Arce real
Que se sacude de fantasía
Es como un otoño tocado con anteojos de marcos azules
Hay polvo verbal que contrasta aire, humo y viento;
con los bancos de papel
Un recitado de color violeta. Proto-invierno cosiendo cantos al unísono
con el cuervo de otro poeta oscuro
Mi gato sí es de Poe
Y el agua para el mate hierve en función de una palabra que no deja de evadirse
Son caminos de esos que se hacen sentados
Trayectos de pie a cabeza
Me involucran en tu mirada virtual
Yo no me puedo mover de la estación
No puedo mientras siga relevando suministros de existencia
Soy todo lo que no era aquella valija que iba de estación en estación
Lo que sí soy de esa valija
es que vivía por y para el otoño,
sin olvidar salirse de su cuero:
Yo soy el otoño
En estas hojas que acuden a mí
como si fuera un castaño que se niega
Arrancarlas

 

Instante

Bajo láminas de jueves se esconde la noche antigua
Una vianda quedó reina hasta las manos
Son presagios que huye la metonimia de un cuerpo
Redondeles de naturaleza sangre me traen al flaco
a un reproductor de memoria
Bello abril. Dejo de no existir
Por amor al cuaderno rojo,
al encanto,
a los otoños hilvanando tintes de todo un año,
a la grabación de una voz extinguida
A los templarios anónimos que dieron su vida para que hoy
escribamos sobre las ruinas de unas cuantas hojas caídas

La noche ingresa por mi persiana
Se hace la distraída (aprovecha que hay volumen)
Se recubre con mi sabana, que también es como una lámina despareja y azul
La noche me corrige el trazo como si conservara vestigios de minas de lápiz

Creo recordar esto como el canto mudo
que rescata los silencios de todas nuestras noches pasadas
En otoño esto se llama instante

 

Éramos

Cuando me miraste algo debí perder para siempre
Me pregunto si una simple mirada puede funcionar como activador de soledad
Pero creo estar confundiendo las cosas
Tal vez lo que active sea un pulso más allá del corazón,
una frecuencia que deschava la unidad perdida
Este frágil suceso vino también de tus brazos alineados con el otoño
Una señal que corrige mis viejos temores
Y si me sonreíste tengo derecho a buscarme en estas palabras
como quien olvidó que podía volver a confundirse
Los dos estábamos a tono con la estación
Los dos estábamos desnudando el mismo propósito
Éramos como dos olmos perdiendo sus hojas
a la velocidad de la oscuridad.
Bajo un templo calmo.
Todos morían a nuestro alrededor
mientras que nosotros éramos. Éramos
Alrededor de los dioses.

 

Última noche

Por un estallido de cruz nocturna ocurren las criaturas en oídos absolutos
Tres lunas dicen haber corrido el eje para que haya otoño todo el oño
Rodearán los mares y el féretro de un sol que sigue calentando
(al menos las ollas para hacer locros)
Invado mi propia sombra cuando la escucho cuchichear con la radio,
se cree que es un artefacto para hablar.
Mi lámpara es quien ha gestado el monstruo
A cada rato hay luces para amamantar toda la noche
Esta mudez entre sombra, radio y lámpara no está bien representada
Un chillido que proviene de la heladera
pone en duda el carácter inanimado de estos objetos
Estos objetos presienten la competencia de otros objetos fantasmáticos que vienen con el otoño
Y el que sale ganando es un sujeto sin sombra sin lámpara y sin radio.
Reflejo abovedado que tiene las estrellas sobre sus pies,
una mala edición del Romancero Gitano / Poeta en Nueva York (porque aunque no he ganado, la buena la tengo yo) delante de sus ojos,
el futuro a sus espaldas
y su verdad escrita entre palabras de todas estas hojas
que conforman los poemas de una semana otoñal

Si prefieren que este sujeto sea quien se los cuente
deberán volverlos a no leer.

 

                                                                                                              Alejandro Surroca

 

 

*

“Abril es el mes más cruel, hace brotar lilas en
tierra muerta, mezcla
memoria y deseo, remueve
lentas raíces con lluvia primavera"

T.S Eliot.

El entierro de los muertos.

La tierra baldía

 

                                                                                                             
                                                                                                         

 

 

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