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Poemas de una semana de verano

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La noche se ha venido abajo.                                              
El ventilador devuelve mi respiración como con asco.                                                             Se estropea el pelo:
un amanecer de Koala criando mosquitos agudos
Mi consciencia suda los cantos
de una tarde perdida en YouTube
La primera luz que se arrima al cuarto
viene de la Gran explosión.
Me siento en un presunto origen,
en el insoportable misterio del tímpano.
En la nada que predice un domingo de trabajo para el universo,
y nostalgia para el verso.

*
El verano retuerce los colores,
el retoño delinea las tierras de la mascota
(es allí donde van a parar mis años).
El milagro de las estrellas suspendidas
como luces acondicionadas del viejo Olmo.
Un retrato me recuerda que lo eterno brota de las paredes
ramificándose hasta dar con tu sensación de haber sido.

Esos vientos enemistados que no quieren volver,
la eficacia del insomnio para enviar sueños al futuro.
Abro el cajón y desparramo todas estas ceremonias
perdidas en limbos de agobio.
El fulgor de enero nos olvida
la primicia del suave amor primaveral.

Si la primavera es felicidad,
el verano es como un octavo pecado                                                                                       que la condena por exceso

*
Elisa vida mía,
el crimen resplandece como un piano                                                                     planeando los viñedos en verano.
Algo sobrecogedor aparece delante de mi Nogal.
Un huracán dibujado a palma de mago
desarrolla toda mi fragilidad.
Se oyen los caminos empinados,
cuyos pardos tonos cimentados por el rocío acuariano
se rajan para abreviar y formar estelas
y ventanas y atajos múltiples
y oquedades en el sol,
paredes de un insondable amarillo
que repercutirá en todos mis signos de síntomas vitales

*
Revela una luz hinchada de conquistas
su paciencia en la tentación nublada.
Centenas de colchones pardos
sobrevuelan cual espíritus de budas
y rosarios esbozados en papel.
En Lobos vislumbro la extensión del cielo,
el aullido de Dios.
Parecen desarmes de Luna,
brochas de ángeles alicaídos que salpican mis ojos
todavía sedientos de asombro y cuenco apagado.

El ritmo azul depara un futuro de cielo marino,
con enormes correntadas de rayos y continentes extraterrestres.
Valientes lluvias caerán por aquellos
para que nazcan nuevos tamaños de Ficus
y Petunias humanas.
Nuevos cargos para los sueños.
Espectáculos dignos de verse por una ventana                                                               mientras se viaja a la velocidad de la cruz

*
La era de Javiera toda consumida y distante.
El jacarandá de miranda,
calienta la vianda.
Corriendo busco el borrón prismático,
el pensil a través de un libro.
El calor elucubra mi peinado,
aspirando la concavidad de los sueños.
Como un Dante por el infierno,
cuyo refugio se disemina en cada intento de agrupar tus partes.
Esta es una era de Javieras y Alicias que ya no les asombra la maravilla.

Me quedo con tu canción de invierno,
con aquellos tiempos donde se inspiraba el aire de nuestras tierras,
lo primordial de los astros
Los Eneros acrisolados.

Me quedo con tu piel sin photoshop
y tus pupilas abiertas como las tiene el mundo cuando nace un río
Me quedo con lo áspero de tu cálida y ceremoniosa presencia.

*
Todos pasan invertidos por la ambición del terciopelo.
La nube manía deshaciéndose cuidadosamente.
Noto secuelas del viejo Plutón (viajando a la velocidad de un
tanque llegaremos algún día)*
Hay un libro sobre la mesa, como si fuera pan casero,
se come en sagrado silencio,
se encuaderna con la masa del eucalipto.

Encima de esta vida reposa una mesa
flotando junto a un libro que flota a su vez con las hojas extendidas.
Parece un escudo,
la bandera es un espacio que fundaron los hombres                                                           del bosque
de la memoria

*Si pudiéramos viajar a la velocidad de la luz, llegaríamos a Plutón en 7 horas.

*
Rapsodia de enero
Describo un punto lejano.
Es el cosmos bebiéndose un océano.
Dirijo mis líneas castañas hacia los horizontes de circunferencia.
Mareo los cócteles mientras suena el Jazz.
Las camisas flotan sobre alfombras de cocodrilo
Describo un punto sin corregir,
es tan perfecto como la escritura borgeana,
O pasolineana.
Ahora pienso bloquear un horizonte
arrojando varias botellas con la descripción del punto.

Que la prudencia me haga fuerte
en esto de pintar el universo de nuevo.
El lápiz describe al punto derecho y firme
como una lápida de madera.
En ese momento siento que puedo escribir toda la tierra;
bucear con los colores del fondo del sol;
borrar agujeros negros
y hacer tatetíes con las tablas de luz de las estrellas.

Después están los borradores, las papeleras y los mundos frustrados
Si se juntaran todas esas batallas que un escritor pierde,
probablemente veríamos la galaxia literaria
manifestándose en toda su dimensión

*
Una lluvia de galimatías sacude al extraño bajo la pera
Descubre varios manzanares y un verano palimpsesto
El retoño del funeral caliente
despierta su muerte en días donde la maquina participa
y se siente llena de una pena terminal
Los Hobbits lucran con baldes de frijoles
Los soles esconden el invierno.
Una pantalla se somete a los hombres carne
a su vez sometidos por el mago Ciprés de la esquina

Esa esquina sufre el mal de raíces que hechizan las casas de toda la manzana
La lluvia fomenta los trucos y las lecturas,
el juego en familia
Las mesas y las sillas se ponen gordas.
La luz de una vela, pletórica
Los relámpagos rebanan el pan y cruzan por la ventana como naves de arcade.
Se mojan las monjas por usar paraguas de vírgenes embalsamadas.
Algo se oscurece en el movimiento del minutero
La vigilia naufraga en esta ciudad nocturna
donde no quedará otro pasatiempo que el de recordar
Recordar lo que hicimos,
lo que estamos haciendo
Y lo que haremos cuando despertemos.

*
Busquemos ese grito imantado jugando al Ouija.
Descosamos la plegaria de los espíritus acongojados.
Filmemos el terror meciéndonos unos a otros                                                                 contando mansiones embrujadas

Sepamos el Diley que proviene de aquel cementerio Indio
Entreguémonos al cráneo adormecido en el abismo de ser, o no ser.
Ese grito debe brotar,
no como un silencio de Munch,
sino mucho más allá
Debe subir por las cañerías del sótano;
cruzar el mapa secular (la tierra de los muertos);
soportar un borde de vida que actuará como médium
Y llegar en toda su extensión hasta las venas abiertas de nuestra pasión

No llorar, no vibrar, no culpar
Gritar, gritar y gritar

*
Tengo la llave del poema de verano
Es un álbum blanco manchado de atención,
de gesticulación,
de encanto divino
Y tetra dimensión
Mi té negro estuvo Ko
La madre naturaleza le canta ahora a Paul
Sepamos apreciar este momento
saliéndonos a ver melodías por la terraza
Me encuentro al calor discutiendo sudorosas palabras,
desafinando el verso de un Zorzal,
empujando al sopor
como si la tierra fuera el sueño perdido
de un discapacitado Dios.

*
Donde no estabas aparecieron semillas diurnas
Un astillero convertido en plaza
Eso que no había tanto fuego
y el verano se parecía a una obra de Federico García
Donde no estabas el número nueve se mudaba al collage;
el anestesiado flotaba como el hombre pájaro;
las horas hacían de palabras y notas musicales;
las botas no existían donde no estabas,
ni el amor,
ni la calandria que visita mi extractor todas las mañanas
Donde no estabas Bolaño no es un escritor ni un Chavo,
y hace un fresquito como en tierra de poco fuego.
Los niños oyen con los ojos
y las niñas se los quitan a la hora de ingresar al mundo
Donde no estabas conocí un buen día ese lugar privado de todo mi ser
Donde no estabas tuve que aprender a convivir conmigo,
a dejarte de buscar,
a estar solo y volver a descubrir todos los oficios del universo
Donde no estabas no quedarán ya misterios por colonizar
Porque aquí las cosas fueron rebeladas
cual viento que ha dejado de llevar

Lo que siento está entre letras,
sobre y debajo de mi propio tacto
Lo que siento donde no estabas
dejará que encuentres mejor el lugar en el que estés

*
En mi reseña descansa el verano
Las propias formas de la libertad
me ruegan que las acompañe a dar una vuelta por el destierro
Una mujer luminotecnia se busca en vano en la sombra.
Pasan cosas extrañas por sus manos
y otras familiares por sus piernas
Es frágil el sexo cuando se desabrochan nuestros botones y permisos,
nuestras cajas negras
El Dakar descarta cualquier motivación.
Una suave brisa del desierto desacredita mis intentos de poemar.
El oprobio se hunde en una etiqueta de glaciar.
Bananas sin publicidad
Escribo sin lentes negros,
Café, negro
birome negra,
insomnio de antepasados;
regímenes de persianas abiertas
para que las estrellas me sentencien con martillos de luz, ante la Luna

Dejo testimonio de mi piel perfumada por la noche,
cuyo descanso incita paradojas de la violencia de la palabra.

*
Nunca me animé a revelarte ningún verano,
ningún episodio de magia antigua
Los veranos: lecciones para no acercarse tanto al fuego / dilemas del cuerpo / nos abrigan los fantasmas.
Por eso es que lloramos con el cuerpo,
con el cuerpo rozamos varias consciencias,
presentimos un fulgor en el pecho
Con el verano concordamos en desvestirnos
Recordamos fabulas que el ventilador nos recita en la forma de un oxígeno
El mar influye como tantos otros actores que se hacen pasar por el silencio.
Aquellos elementos esconden verdades, mascullan insondablemente

A mí me queda por decirte tantos silencios.
Que ya no sé si soy otro elemento.
Una verdad.
O una tímida respuesta hecha de veranos
Porque todos mis cumpleaños fueron en verano.
De aquí yo soy.
De aquí he salido,
creyéndole al fuego en el agua (oxímoron acuariano)
En el ansia por verme valiente en un reflejo de chapuzón
En esa discreta lógica de nacer al principio
y morir quien sabe cuándo.

 

 

 

Imagen: Leif Podhajsky

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